Hace ya miles y cientos de decenas de años vivió una rana macho llamado Francisco de color verde fosforito con alas blancas y esponjosas como las nubes, era un viejo testarudo, feo y un poco tacaño. Le gustaba mucho comer moscas rellenas de algas y saltar de charco en charco.

Un día, un buen día mientras comía moscas rellenas se cayó de la nube donde vivía y fue a parar cerca de un lago. En ese lago cada tarde, iba una niña de boca grande, pelo liso marrón, que iba a lavar la ropa. En aquel lago también había cucarachas feas, cuando, de repente alguien beso a la rana:

– «¿ A ver si es un príncipe?»- dijo aquella niña que llevaba cada tarde un saco lleno de ropa sucia. Peroooo ¡ya era demasiado tarde! El beso había hecho su efecto. Y la rana desapareció yyy, una cucaracha más.
– «Pues no» – respondió esa misma voz.

A Francisco se le acerco otra cucaracha y le dijo:
– «Ya somos 100 ranas convertidas en cucarachas, pero la gran sabia ha dicho que podemos solucionarlo. Andaremos 3 millas para encontrar el castillo del mago donde encontraremos el antídoto.»
– «¿Te he oído bien?» – dijo la pequeña niña – «¿puedo ir con vosotros?
Y la pequeña cucaracha dijo: – «¡Pues claro!» – y se pusieron en camino.

Después de andar una milla se encontraron con un pez con patas que les dijo: – «¿puedo ir con vosotros?»
– «¡Pues claro!» – respondieron a coro y volvieron al camino. Después de andar otra milla más, cruzando por un desierto, se encontraron con una jirafa macho que piaba y les dijo:
– «Me gustaría mucho ir con vosotros. ¿puedo?»
– «¡Si!» – respondió el pez y siguieron caminando.

Cuando llegaron a la 3ª milla se encontraron frente al castillo del mago rodeado por plantas carnívoras que se habían comido la escalera. De la ventana salían rayos y centellas, mil ruidos y cien mejunjes. Las plantas les explicaron que ellas al principio eran unas pequeñas florecitas lilas y rosas pero que un bote con líquido rojo dentro se había caído cerca de ellas y se habían roto. Con ese líquido ellas se volvieron grandes y marrones y aquí están.
– «Si nos subís a la ventana seguramente el mago os curará» – dijo una cucarachita.
– «Vale» – respondieron las flores elevando a todos.

Al llegar, sin tocar ni siquiera el suelo, salieron del techo 3 centellas diferentes, una azul, otra roja y otra amarilla. En un momento todos eran normales, hasta Francisco que ya no tenía alas, pudo volver con su familia.

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  • Reply Manoli 17 marzo, 2013 at 20:54

    Este cuento ya lo había leído pero me ha gustado tanto como la primera vez que lo leí.eres toda una escritora para mi la mejor del mundo mundial. Besos para ti y también para tu hermana

  • Reply PILI 18 marzo, 2013 at 5:33

    Pero que imaginaciooooooooooon.
    Besitos

  • Reply Gemma 3 abril, 2013 at 13:24

    Que cuentos más chulos escribes. Enhorabuena sobri. Besotes

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